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Sobre
el sustrato físico presentado se desarrolla la singularidad de
Doñana que se debe a la biodiversidad de especies y biotopos
que alberga.
Se distinguen claramente distintos ecosistemas que se distribuyen desde
la costa hacia el interior: las playas y dunas, corrales, cotos o matorral
y las marismas. La zona de transición entre la marisma y las
arenas o zona de confluencia es denominada la vera.

Esquema
de la disposición de los distintos ecosistemas de Doñana
desde la costa al interior
PLAYA.
Tiene una extensión de más de 30 Km siguiéndo las
líneas generales de las costas atlánticas no acantiladas
ni rocosas. Su gran distancia intermareal descubre en la bajamar lisas
extensiones de arenas blancas y suaves pendientes. La fuerza del viento
del Sur-Oeste introduce una gran dinámica en las arenas que modifica
incesantemente el perfil de las playas y son origen de las dunas móviles.
Doñana conserva uno de los pocos sistemas de dunas móviles
existentes en la Península.
En las zonas más alejadas de las aguas, superando el nivel máximo
de las mareas ordinarias, la vegetación se aferra a un suelo
inestable y seco, formando pequeños obstáculos que serán
el origen de las dunas vivas. Esta vegetación es de carácter
efímero y su poca consistencia: barrón (Ammophila arenaria),
alhelí de mar (Malcomia littorea), nardo marino (Pancratium
maritimum), cardo marino (Eryngium maritimum), lechetrezna
de mar (Euphorbia paralias), amontonando pequeños acúmulos
de arena alrededor de alguna mata cualquiera. Con los sucesivos aportes,
la pequeña duna perderá su estabilidad y comenzará
a moverse y a unirse con otras para formar grandes médanos que
avanzarán en paralelo hacia el interior. Es un sistema de gran
vitalidad donde se puede percibir la formación y desarrollo de
los frente activos denominados trenes de dunas.
En la playa tienen lugar acontecimientos humanos y naturales de cierta
singularidad. Por una parte la presencia de mariscadores, pescadores
y transeúntes. Por otra las únicas construcciones que
aparecen son los ranchos habitados por pescadores y sobre todo las torres
de vigilancia del siglo XVI. Estas torres, edificadas todas a la misma
distancia con respecto a la playa son testigos de la dinámica
litoral de cambio que ha provocado que unas hayan sido sepultadas por
el mar (Torre de la Higuera y Torre de Oro, fuera del Parque) mientras
que otras (Torre Carbonero, Zalabar y San Jacinto) se encuentren decenas
de metros tierra adentro. En la actualidad sirven de posadero y criadero
de halcones peregrinos.
Entre las especies de vertebrados propios de la franja de playa se encuentran:
Lagartija colirroja (Acanthodactylus erythrurus), chorlitejos
(Charadrius hiaticula y Charadrius alexandrinus), correlimos
(Calidris alpina y Calidris albica), gaviotas (Larus ridibundus,
Larus fuscus y Larus argentea), charranes (Sterna hirundo y Sterna
sandvicensis).
El
fondo marino inmediato a la playa, presenta praderas de Cymodocea nodosa
y probablemente Zoostera marina, con abundantes lamelibranquios y gasterópodos
en los fondos blandos, así como algas del género Fucus.
En los fondos rocosos viven el ostión (Crassostrea angulata),
el mejillón (Mytilus edulis), los bálanos (Chlathamalus
stellatus) y un gran número de algas (Gelidium pusillum,
G. spathulatum).
arriba
DUNAS Y CORRALES
El gran volumen de arenas acumuladas en la duna, cuando la fijación
vegetal remite o se produce un empuje eólico superior, inicia
un lento pero seguro avence hacia el interior. Teóricamente este
avance, de una velocidad de 2 a 6 m/año, no finalizará
hasta alcanzar la marisma. Sin embargo, los trenes de dunas pueden quedar
inmovilizados antes de alcanzar aquel limite. La densa cobertura vegetal
que suponen los grandes pinares unidas a otras circunstancias frenan
los frentes dunares. La inmovilización de la duna en el interior
también se debe a una menor presión eólica ó
bien de la elevación del nivel freático traduciéndose
en la reducción de la duna a una suave ondulación, en
la que aparece una cubierta vegetal que definitivamente la fija.
El complejo dunar típico, localizado en la amplia franja intermedia
entre la playa y las arenas más estabilizadas del interior, se
dividen en dunas fijas y dunas móviles. Las dunas móviles
ocupan la mayor parte de la superficie propia de este sistema.
El subsistema dunar es asiento de numerosas especies cuya distribución
depende de los factores físicos de dinámica del suelo
y de la profundidad del nivel freático.
Una de las características más propia de la duna en otoño,
es la aparición de huellas de los animales que las cruzan. La
relativa dureza del finísimo material permite fijar con singular
precisión el paso de reptiles, aves, mamíferos e incluso
de insectos.
Entre las especies vegetales más características de esta
zona se encuentran el enebro (Juniperus macrocarpa), armedia
(Armeria gaditana), escrofularia perruna (Scrophularia canina),
viborera (Echium gaditanum), camarina (Corema album),
clavellina (Armeria pungens), altabaca (Artemisa marítima),
zarzaparrilla (Carex arenaria). Las especies faunísticas
más representativas de esta zona son: víbora hocicuda
(Vipera latasti), culebra bastarda (Malpolon monspessulanus),
tortuga mora (Testudo graeca), águila culebrera (Circaetus
gallicus), halcón peregrino (Falco peregrinus) y urraca
(Pica pica).
Al paso de las dunas, la superficie llana sobre la que se desplazan
dejará al descubierto un espacio húmedo y resguardado
del viento en el que se asentarán las plantas. Estos mosaicos
de vegetación entre dos frentes de dunas consecutivos se denominan
localmente "corrales". Dentro de los accidentes geográficos
originados por las dunas, los corrales son los más caracterizados,
tanto por su peculiar estructura como por la riqueza de especies que
se encuentran en él. Los corrales son obstáculos temporales
de las dunas ya que las dunas en su empuje terminan invadiendo la totalidad
del corral. El paso de una barrera de dunas por un pinar supone la total
destrucción del mismo y la aparición, muchos años
después del llamado campo de cruces ya que los pinos aparecen
como extrañas formas fósiles con los troncos mutilados
y algunos restos de alguno de sus brazos. Una vez retirada toda la arena
que produjo la destrucción del pinar quedan depresiones cercanas
a la capa freática, humedeciendo la zona e incluso sufriendo
pequeñas inundaciones comenzando un nuevo ciclo de generación
de un nuevo corral.
arriba

Esquema del avance dunar.
Los
corrales se pueden clasificar en distintos tipos dependiendo de la etapa
en la que se encuentre atendiendo a: su localización, estabilidad
del sustrato y profundidad del manto freático. Podemos encontrar
desde corrales secos con nivel freático muy hundido, hasta corrales
en los que el nivel freático es prácticamente superficial
con lo que se encuentran inundados. Esto va a determinar el tipo de
especies que se van a desarrollar en él.
En general, los corrales excepto el levantamiento del nivel freático
que se produce por la acumulación de lluvias y que da lugar a
un aumento de la biomasa vegetal, no detectan en su amplitud el cambio
estacional ya que se encuentran al resguardo de dos trenes de dunas
consecutivos. La especie vegetal más representativa de los corrales
es el pino piñonero (Pinus pinea). Junto a la playa, los
corrales aparecen ocupados por un matorral de clavellinas (Armeria
pungens) y siemprevivas (Helichrysum picardii), que ofrecen
un manto rosado durante la primavera. Más al interior, los pinares
colonizan el corral, las especies que acompaña componiendo la
cobertura vegetal de los pinares y grandes corrales son principalmente
lentisco (Pistacia lentiscus), retama (Cytisus scoparius y
Osyris alba) y labiérnaga (Phillyrea angustifolia)
entre otras.
En ocasiones se dan pequeñas lagunas temporales caracterizadas
por junqueras (Juncus spp.), matas de adelfas (Nerium oleander)
y camarinas (Corema album). Las zonas más deprimidas son
ricas en heno gris (Agrostis stolonifera), poleo (Mentha pulegium)
y muraje (Anagallis tenella).
En estas zonas verdes y protegidas se instalarán las águilas
culebreras europeas (Circaetus gallicus), los alcotanes (Falco
subbuteo), y las lechuzas (Tyto alba), linces (Lynx pardina),
jabalíes (Sus scrofa), conejos (Oryctolagus cuniculus),
tortuga mora (Testudo graeca), culebra bastarda (Malpolon
monspessulanus), y lagartija colirroja (Achantodactylus erythrurus),
que se protegen así de los tórridos días veraniegos.
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MATORRAL O COTO.
El matorral también denominado coto representan un tipo de ecosistema
terminal y maduro de bosque mediterráneo, que en el Parque se
encuentra enriquecido con especies de mayor dureza. El área abarcada
por este ecosistema dentro del parque ocupa dos zonas bien diferenciadas.
La primera comprendida entre el borde de la marisma, la carretera del
Rocío-Matalascañas y la carretera de acceso al palacio
de Doñana. La segunda al sur de la carretera que marca la línea
de división y presenta un matorral discontinuo pero con la misma
composición.
Desde el punto de vista paisajístico, los cotos cambian poco
durante el año, los animales son difíciles de ver y falta
la espectacularidad de las aves marismeñas.
El matorral está formado por una treintena de especies leñosas
que se incluyen en dos grandes tipos:
Monte blanco: constituido por una vegetación adaptada a la falta
de agua con suelos que presentan abundante materia orgánica y
arenas oscuras. La capa freática es profunda. Se le conoce con
el nombre de monte blanco por el color ceniciento de la especie que
lo domina y caracteriza ,el jaguarzo (Halimium halimifolium).
La altura de este matorral es de aproximadamente 1 metro y la cobertura
supera el 75% para la mayor parte de la superficie ocupada.
Las especies vegetales que acompañan al jagurzo son algunas jaras
(Cistus salvifolius, C. libanotis) y aulagas (Genista anglica
y Stauracanthus genistoides). En áreas más secas y
expuestas aparecen otras especies leñosas de ámbito mediterráneo,
como el cantueso (Lavandula stoechas), el romero (Rosmarinus
officinalis) y la mejorana (Thymus mastichina).
Monte negro: por los tonos más oscuros de las especies básicas
que lo constituyen. Está formado por un matorral atlántico
de cota baja que coloniza zonas con suelos muy húmedos, donde
el nivel freático se encuentra casi superficial. Alcanza los
bordes de muchas lagunas y es un matorral oscuro, denso, apretado e
impenetrable que se alza en densas manchas de cobertura muy compacta
que puede alcanzar de 3 a 4 metros de altura.
El monte negro está dominado por varias especies de brezos (Erica
scoparia, E. umbellata, E. ciliaris) y brecina o mogueriza (Calluna
vulgaris), que se entremezclan con mirto (Mirtus communis),
labiérnago (Phillyrea angustifolia), zarzas (Rubus
ulmifolius) y torvisco (Daphne gnidium). Estas especies son
incapaces de sobrevivir sin un aporte continuado de agua en verano,
pero resisten bien el encharcamiento invernal.
Enclavadas
en el matorral aparecen manchas arbóreas de distribución
muy irregular con pies dispersos de alcornoque (Quercus suber),
sabina (Juniperus phoenicea subsp. turbinata), madroño
(Arbutus unedo), acebuche (Olea europaea sylvestris),
labiérnago (Phillyrea angustifolia) y pino piñonero
(Pinus pinea). En ellos nidifican el milano real (Milvus milvus)
y el milano negro (Milvus migrans), el aguililla calzada (Hieraaetus
pennatus), el críalo (Clamator glandarius), el cernícalo
(Falco tinnunculus) y el busardo ratonero (Buteo buteo),
y son visitados asiduamente por ginetas (Genetta genetta) y meloncillos
(Herpestes ichneumon). Y otras especies sedentarias como el águila
culebrera europea (Circaetus gallicus), el pito real (Picus
viridis), la curruca rabilarga (Sylvia undata), la curruca
cabecinegra (Sylvia melanocephala), el alcaraván (Burhinus
oedicnemus), el abejaruco (Merops apiaster), el alcaudón
real (Lanius excubitor) y el petirrojo (Erithacus rubecula).
En estas zonas viven alrededor de 80 especies de vertebrados, la mitad
de las cuales son aves.
El matorral alberga otras especies de gran interés, como ciervos
(Cervus elaphus), jabalíes (Sus scrofa), zorros
(Vulpes vulpes), tejón (Meles meles), turón
(Mustela putorius), liebre (Lepus granatensis) y lirón
careto (Elyomis quercinus) y grandes predadores como el lince
ibérico (Lynx pardina) y el águila imperial ibérica
(Aquila adalberti).
Lagunas.
Dentro de la zona de matorral es característico la formación
de lagunas que se inundan en los ciclos de precipitaciones. Dada la
importancia ecológica de las lagunas constituyen por sí
solas un ecosistema lacustre de suficiente entidad, formado por una
numerosa y variada gama de lagunas con peculiaridades individuales en
la mayoría de los casos.
Encontramos lagunas de gran superficie como son El Charco del Toro que
está dividida en dos por una línea de junqueras, Zahillo,
Taraje denominada así por los grandes tarajes (Tamarix galica)
que presenta en su orilla sur, Dulce por la escasa salinidad de sus
aguas y Santa Olalla que presenta mayor superficie y profundidad y un
contenido de sales alto que permite la vida de ciertos crustáceos
(Artemia salina) que son la dieta habitual de flamencos (Phoenicopterus
ruber).
Lagunas de superficie media como El Sopetón, El Moral, Navazo
del Toro, Tojal del Lobo y Porquera del Fraile.
Lagunas de extensión pequeña y sin localización
conjunta como Acebuchillo de las Palomas, Acebuchillo de Matalascañas,
El Ojillo, Los Brezos, El Pino y Las Pajas.
A pesar de la dispersión y diversidad existe un denominador común
con una biocenosis básica.
Las especies vegetales más comunes son los pinos, alcornoque,
taraje, helechos, zarzas, tojo enano, juncos y brezos.
Los anfibios están representados por el sapo de espuelas (Pelobates
cultripes) y los reptiles por la culebra bastarda (Malpolon monspessulanum),
culebra viperina (Natrix maura), culebra de collar (N. natrix),
culebrilla ciega (Blanus cinereus) lagartija colirroja (Acanthodactylus
erytrurus) y tortuga mora (Testudo graeca). Los peces más
comunes son la anguila (Anguilla anguilla) y carpa (Cyprinus
carpio).
Dado el número elevado de especies propias de zonas lacustres,
hacemos referencia a las más significativas separadamente del
resto del matorral, citamos entre ellas somormujo lavanco (Podiceps
cristatus), zampullín chico (P. ruficollis), garza
imperial (Ardea purpurea), flamenco rosado (Phoenicopterus
ruber), pato real (Anas platyrhynchos), cerceta común
(Anas grecca), pato friso (Anas strepera), pato rabudo
(Anas acuta), pato cuchara (Anas clypeata), pato colorado
(Netta rufina), porrón común (Aythya ferina),
calamón (Porphyrio porphyrio) y focha común (Fulica
atra).
arriba
VERA.
Se designa así la estrecha y larga franja en la que acaba el
matorral y comienza la marisma. Esta franja tiene una anchura de 200
a 1.500 m y corresponde a una gran discontinuidad ecológica.
Es el límite de las arcillas.
En esta estrecha franja, en la que coinciden especies vegetales y animales
de uno y otro ambiente, aflora la humedad filtrada por las arenas, favoreciendo
el crecimiento de junqueras y pastizales. El paso del matorral a la
marisma supone un apreciable descenso del nivel de superficies y una
importante elevación del freático que se traduce en acusadas
variaciones del sustrato y la vegetación. Uno de los elementos
bióticos más importantes de la vera sobre el que se asientan
muchas especies es el alcornocal. La mayor parte de los alcornocales
del Parque son ejemplares muy viejos. El alcornoque constituye un gran
habitáculo capaz de dar abrigo a un considerable número
de especies. Normalmente la posición de cada inquilino dentro
del edificio arbóreo queda específicamente fijada. Como
fenómeno ornitológico máximo son conocidas mundialmente
como las Pajareras de Doñana, comunidades coloniales muy numerosas
constituidos fundamentalmente por garzas, espátulas y garcillas,
que se asocian para la reproducción.
Aparece un fuerte helechal representado por el helecho común
(Pteridium aquilinum) como sotobosque de los alcornoques (Quercus
suber) que constituyen la única especie arbórea aceptablemente
representada en este ecosistema. Otras especies arbóreas menos
representadas son: el acebuche (Olea europaea), peral silvestre
(Pyrus pyraster), madroño (Arbutus unedo) y arbustiva:
las zarzas (Rubus ulmifolius).
En un nivel inferior, se desarrollan pastizales asentados sobre el substrato
de arenas estabilizadas, pobre y seco. El pasto es pobre y dominado
por acedera de lagarto (Rumex bucephalophorus), que le confiere
una notable coloración rojiza. Junto a esta especie suelen aparecer
el cuerno de ciervo (Plantago coronopus), alfileres (Erodium
cicutarium), Vulpia membranacea, el trébol (Trifolium
campestre) y la cebolla albarrana (Urginea marítima),
especie geófita de mayor porte.
En estos pastos, el abejaruco (Merops apiaster) excava sus nidos
sobre la superficie del suelo. Además, son frecuentes los conejos
(Oryctolagus cuniculus), los gamos (Dama dama) y las avefrías
(Vanellus vanellus).
A un nivel aún más inferior, pero más cercano a
la marisma alcanzando un nivel más próximo al freático
pero sin llegar al encharcamiento, se desarrolla un pasto rico en especies
vegetales, dominado por el gamón (Asphodelus cerasifer)
y acompañado por tréboles (Trifolium subterraneum),
cornicabra (Ornithopus pinnatus), heno gris (Agrostis stolonifera)
y otras.
El límite de la marisma está formado por una banda espesa
de juncos (Juncus acutus, J. maritimus, J. effusus, J. conglomeratus
y Scirpus holoschoenus) que permanecen inundados de uno a dos meses
durante el invierno. El pastizal más húmedo es utilizado
por la lavandera boyera (Motacilla flava), la codorniz (Coturnix
coturnix), el topillo (Microtus duodecimcostatus), la rata común
(Rattus novegicus), el sapo de espuelas (Pelobates cultripes)
y el gallipato (Pleurodeles waltl). El majadeo más intenso
del pastizal se debe, sin embargo, a conejos (Oryctolagus cuniculus),
gamos (Dama dama), ciervos (Cervus elaphus) y jabalíes
(Sus scrofa).
arriba
MARISMA.
La
marisma representa aproximadamente el 50% del Parque constituyendo el
mayor ecosistema del parque, unas 27.000 ha. Las distintas estaciones
del año producen variaciones muy acusadas en las marismas que
presentan mil caras debidas a las fluctuaciones en las inundaciones
de agua a las que se ve expuesta. En octubre, la marisma se muere de
sed y con las primeras lluvias resucita de nuevo, en invierno alcanza
su máxima inundación; el agua se va evaporando de forma
imperceptible hasta que en primavera las esperadas lluvias de abril
renuevan la marisma, la superficie del agua se ve cubierta por las flores
de los ranúnculos. En verano, el suelo de la marisma queda totalmente
destapado y la arcilla queda totalmente cuarteada.
Es una zona húmeda de extraordinaria importancia como lugar de
paso, cría e invernada para las aves europeas y africanas.
Dependiendo del grado de inundación la marisma presenta distintos
hábitats en los que se desarrollan distintas especies. De esta
forma se distingue la marisma inundada, la marisma seca, caños
y brazos (como encauzamientos más profundos) y vetas (accidentes
de nivel).
Marisma inundada.
La parte de la marisma que queda totalmente inundada son aquellos lugares
ligeramente por debajo de la altitud media, que permanece inundada al
menos durante 6 meses al año ,en profundidad variable dependiendo
de las lluvias. A partir de febrero, casi se agota el agua en el periodo
estival, la extensa superficie inundada se cubre de una densa vegetación
con predominio casi absoluto de la castañuela (Scirpus maritimus)
y el bayunco (Scirpus littoralis). Otras especies como la Salicornia
y los ranúnculos (Ranunculus peltatus, R. tripartitus)
las acompañan pero de una forma puntual. La densa cubierta permite
la reproducción de ingentes poblaciones de aves y además
permite la estación de las especies que hibernan en este espacio.
Este tipo de marisma de aguas someras y rico bentos de agua dulce durante
el invierno, constituye un biotopo de idóneos recursos para los
patos de superficie y las aves acuáticas que se alimentan del
plancton superficial o de los productos de los fondos poco profundos.
Las especies más comunes observadas son: pato azulón (Anas
platyrhynchos), cuchara europeo (Anas clypeata), pato rabudo
(Anas acuta), pato colorado (Netta Rufina), pato real
(Anas platyrhynchos), pato silbón (Anas penelope),
cerceta común (Anas crecca), focha común (Fulica
atra), porrón común (Aythya ferina), malvasía
(Oxyura leucocephala), zampullín (Podiceps nigricollis,
P. ruficollis), etc. Las limícolas incluyen avefría
(Vanellus vanellus), chorlitejo chico (Charadrius dubius),
chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus), avoceta (Recurvirostra
avosetta), cigüeñuela (Himantopus himantopus),
charrancito (Sterna albifrons), garza imperial (Ardea purpurea)
y fumarel cariblanco (Chlidonias hybridus). También se
pueden observar grandes bandadas de flamencos (Phoenicopterus ruber)
y gansos comunes (Anser anser). Otras especies menos numerosas
son cerceta pardilla, (Anas angustirostris), cerceta carretona
(Anas querquedula) y tarro blanco (Tadorna tadorna). Y
por último algunas especies en vías de extinción
que se encuentra siempre en una proporción muy baja: focha cornuda
(Fulica cristata), tarro canelo (Tardona ferruginea),
avetoro (Botaurus stellaris) y malvasía (Oxyura leucocephala).
La avifauna masiva es el centro de atención de la marisma del
Parque en el invierno, pudiendo llegar al cuarto de millón el
número de ejemplares que se concentran en estas fechas.
Otras especies presentes en esta zona son carpa (Cyprinus carpio),
gambusia (Gambusia affinis), sapo de espuelas (Pelobates cultripes),
culebra viperina (Natrix maura).
La marisma seca.
La mayor extensión superficial de la marisma permanece durante
casi todo el año como una estepa arcillosa y compacta, encharcándose
sólo superficialmente durante el invierno. Aunque gran parte
del invierno y de la primavera, y sobre todo los años de elevada
pluviometría, puede alcanzar un encharcamiento parcial o total,
este tipo de marisma constituye la llamada marisma seca.
Aquí viven plantas carnosas como el almajo salado (Artrocnemum
macrostachyum) y el almajo dulce (Suaeda vera), con una cohorte
escasa de plantas herbáceas entre las que destacan el cuerno
de ciervo (Plantago coronopus) y el pastizal (Hordeum marinum),
que suele crecer asociado a los pies del almajo, y nidifican grandes
colonias de aves limícolas como cigüeñuelas (Himantopus
himantopus), avocetas (Recurvirostra avosetta), alcaravanes
(Burhinus oedicnemus), canasteras (Glareola pratincola).
Caños
y brazos.
De los antiguos brazos del río Guadalquivir, cerrados y transformados
procedentes de los pequeños cauces de cabecera y otros emisarios,
sólo el Brazo de la Torre está situado en el territorio
y posee un valor ecológico para el Parque.
El amplio delta, que originaba la desembocadura del Guadalquivir, se
encontraba surcado por pequeños encauzamientos, usados temporalmente
por el Guadiamar y la Madre, afluentes del gran río. Sus restos
tras un proceso de transformación constituyen los actuales caños.
Nos encontramos en el Parque: caño Travieso, caño de Guadiamar,
caño de la Madre, caño del Resolimán, caño
Dulce y el caño de Brenes.
La vegetación básica de los caños y del Brazo Travieso
está compuesta principalemente por eneas (Typha latifolia),
carrizos (Phragmites australis) y bayuncos (Schoenoplectus
lacustris), en los que se ocultan carpas (Cyprinus carpio),
ranas (Rana perezi), gallipatos (Pleurodeles waltl), galápagos
leprosos (Mauremys leprosa), galápagos europeos (Emys
orbicularis). La avifauna de esta zona está compuesta principalmente
por calamones (Porphyrio porphyrio), avetorillos (Ixobrychus
minutus), martines pescadores (Alcedo atthis), garza imperial
(Ardea purpura), aguilucho lagunero (Circus aeruginosus).
Por otra, en esta zona también encontramos patos ya mencionados
como pobladores de la marisma inundada, que prefieren este hábitat
como el pato colorado, porrón común, malvasía y
porrón pardo.
Accidentes de nivel:
Las diferencias de cota en el relieve marismeño difícilmente
sobrepasan los dos metros entre los puntos más bajos, normalmente
sumergidos, y los más altos de las vetas y los vetones.
Frente a los caños y lucios, que suponen depresiones ocupadas
por el agua, las vetas, vetones y paciles son fracciones de terreno
que aparecen elevadas sobre el nivel medio de la marisma y que se suelen
mantener al margen de las inundaciones invernales.
Los lucios constituyen lagunas someras. Son cubetas de escasa profundidad
pero de mediana o gran superficie, que se llenan con las lluvias del
otoño e invierno y permanecen inundadas incluso cuando el resto
de la marisma aparece desecada por la evaporación de las aguas.
En ellos, la alta salinidad impide casi por completo el crecimiento
de la vegetación, a excepción de bayuncos y castañuelas.
Durante la sequía veraniega, estas láminas de agua quedan
muy reducidas o completamente secas, mostrando un fondo cuarteado de
limos arcillosos grises, cubiertos a veces de costras salinas blanquecinas.
Los lucios más significativos de la marisma del Parque son: los
dos del Lobo, los dos de Mari López, el del Cangrejo Chico, el
del Matochar, el de Vetas Altas, el del Buen Tiro, el de los Ánsares,
el del Rey, el de los Patos Reales, el Lago, el del Molinillo, el de
Vetalengua, el del Membrillo, el del Hondón y el del Caballero.
Las vetas que cuando son pequeñas se llaman vetones son terrenos
que se elevan por encima del nivel medio, no más de 1 metro de
altura, formando pequeñas islas que raramente se inundan. Son
lugares de descanso y refugio durante las grandes inundaciones. Los
bordes presentan normalmente un brusco desnivel, y la zona alta, nunca
inundada, aparece cubierta de grandes manchas de cardos (Silybum
marianum y Cirsium arvensis) y gramíneas (Cynara humillis).
Se pueden citar entre otras la veta Larena, Carrizosa y Vetalengua.
Los paciles son áreas de moderada elevación, dentro del
escaso relieve del conjunto. Más bajos que las vetas y vetones
se inundan ocasionalmente, y en ellos conviven almajos con otras plantas
halófilas. Muchas especies animales establecen aquí sus
territorios de cría, como los charrancitos (Sterna albifrons)
y los chorlitejos (Charadrius spp.). Las especies vegetales más
características de esta área son Rumex dentatus, Bromus
lanceolatus, Parapholis pychantha.
Los ojos de la marisma son suaves depresiones que nunca se secan, fuentes
naturales por las que afloran aguas dulces. Aparecen en zonas frecuentemente
no muy interiores de la marisma, y muchas veces en puntos cercanos a
los bordes de la misma. El hecho de que nunca se sequen hace que estas
formaciones participen, dentro de su limitación, en la ecología
de la marisma.
Doñana es, sin discusión, el humedal más importante
de España, y uno de los más importantes de Europa, de
importancia extraordinaria para la reproducción, invernada y
paso de gran número de aves, calculado en unos 6.000.000 de individuos.
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